Archivos de la categoría Papeles sueltos

Capitales de provincia


En estos días de estío me gustan algunas ciudades queridas cuando están recién lavadas y apenas despiertan, tan frescas y perezosas, acogiendo a los visitantes que se apresuran a resolver papeles, hacer encargos o, tristemente y cada vez más, para acompañar a sus parientes hospitalizados.
En verano, el tráfico provinciano se incrementa con los que un día se fueron para afincar familias y raíces en tierras ajenas, a las que han convertido en propias a base de dejar que sus historias y sus hijos crezcan en ellas. 
En verano nos cruzamos por sus calles principales, saludando a los que vemos de año en año en una capital que nos aglutina y que, a veces, sentimos que nos mira un poco ajena, lejana, como ese amor adolescente al que quisimos sin que nunca lo supiera, sin decírselo, sin atrevernos a confesarlo nunca.
Reniegan algunos capitalinos de los fieles provincianos que compran en sus tiendas, beben en sus bares, acuden y llenan fiestas y ferias. 
Los de los pueblos, sigan en la provincia o vuelvan a ella como añorantes aves migratorias, quieren a su capital, la defienden y, aunque rezunguen por su insensibilidad, menosprecio u olvido, si hace falta, la defienden y pelean por ella.

Olor a siega


La vida de pueblo trae las hojas del calendario personalizadas con olores propios.
El amanecer huele al azufre de las viñas y una ligera capa de amarillo viste la mesa del jardín esta mañana. 
Y a pesar del olor y del calor asfixiante no pienso en las amenazantes calderas de Pedro Botero ni en su infierno, sino en los lujuriosos racimos y los mostos burbujeantes que se están engendrando en cada cepa.
Las cosechadoras se dejan perseguir por los tractores y levantan una cortina de polvo en su carrera. 
Paja seca, rastrojeras y algún que otro pastor de los que aún salen al campo con las ovejas.
Huele a verano.
Huele ya a ferias, a fiestas y verbenas.
Por eso hoy para comer, sobre el mantel de cuadros, habrá pan, habrá vino y olor a siega.

Primero de mayo

¡Qué fácil y descansado es siempre el trabajo ajeno!
Escríbeme algo, total, a ti qué te cuesta…
La delgada linea que separa el trabajo del ocio es muy sencilla de saltar en determinados campos. Y muy difícil de ver cuando no nos interesa.
Pasa en los pueblos cuando vienen esos excursionistas que recogen lo plantado en la huerta, lo que está en los frutales, las flores de los cerezos…Ni se les ocurre pensar que no se cuida solo, que hay gente que vive de eso.
A mi amigo el experto, de lo que sea, probablemente no le cueste mucho darme un consejo, pero sí le ha costado mucho poder llegar a dármelo.
Saber respetar el trabajo ajeno y hacer valer el propio, esa es la máxima que podéis leer en mi pancarta reivindicativa para este 1 de mayo.
Estrenamos mes y es uno de los más bonitos:
¡Feliz mayo, bienvenido sea!

Sin una fecha por dentro

¿Treinta y cuántos? ¡Qué más da!
Nunca nos pusimos anillos para marcarnos la piel con recordatorios.
Ni yo fuí de blanco, ni tu te pusiste una corbata. El juez nos miraba huraño y habló como a colegiales al grupo de amigos que nos acompañaron, pero eso a nosotros nos daba lo mismo.
Tu, como siempre, sólo querías cuidar de mi.
Y sí, era miércoles. Entonces no podías elegir la fecha de tu boda si era sólo civil y, aunque nos hubiera correspondido casarnos en martes trece, el secretario del juzgado era supersticioso y cambió el día: desde entonces se convirtió en el favorito de la semana.
Me has dado coraje, valentía, confianza.
Me has dado un empujón cada vez que tenía miedo a dar el salto.
Eres mi crítico más duro, sin lugar a dudas.
Siempre crees en mí, siempre crees que puedo hacer mejor las cosas y siempre crees que puedo cuando yo lo dudo.
Después de tanto dolor juntos, después de tanto amor contigo, mirar atrás y ver el camino recorrido sólo me hace volver a agarrarme fuerte a tu mano para poder seguir adelante, mirarte y decir:
Sí, quiero.
Sí, Carlos, contigo puedo.

Que no me tapen el sol

Tumbado junto al tonel en el que vive, Diógenes mantiene una conversación con Alejandro Magno de la que a lo largo de la historia se han dado múltiples versiones escritas: mis favoritas son la de Plutarco y la de Campoamor en su poema ‘Las dos grandezas’.
Este encuentro entre el rey y el filósofo lo conocí cuando era niña de labios de mi abuelo Juan, un mágnifico narrador al que encantaba adentrarnos en el mundo del pensamiento y tratar de enseñarnos el verdadero valor de las cosas.
Me apasionaba ese diálogo de ofertas y desprecios razonados.
Y me sigue volviendo a la memoria periodicamente para recordarme lo que tengo, lo que deseo y que es lo que de verdad me importa.
Por eso hoy, que es miércoles, mi día favorito de la semana, disfrutaré de esta luz brillante de junio que hace ver las cosas aún más claras, acorta las sombras y trae con su calor la promesa de los frutos maduros a su tiempo.

Sonrisas

Arrancar sonrisas es un regalo. Hay tal cantidad de sonrisas que catalogarlas es imposible. Si descartamos las falsas, que por definición no existen, que son otra cosa y tienen otros nombres, podemos ir almacenando en nuestros recuerdos las que se dibujan en las caras que nos rodean, las que son como piropos de los desconocidos al cruzarnos, las que aparecen por sorpresa, las inesperadas.
La sonrisa es un “por favor”, un “gracias”, un “me gusta”, un “¡hasta pronto!”
Saquemos la nuestra esta semana y repartámosla sin miedo.
Sembremos sonrisas si queremos recogerlas, pero no las esperemos.
¡Hay que ver lo que nos cuestan las cosas que cuestan tan poco!

Horóscopo Amical: Leo

 

Me gustan los Leo que ejercen de Leo. Sin miedo. Sin ningún miedo a mostrar su cáracter, su fortaleza, su capacidad de liderazgo y también la de cabreo, cuando es necesario.
Me gustan los Leo auténticos, los que no tienen miedo a que les pongan en entredicho los imbeciles cuando se tumban al sol y disfrutan del día porque confian en que su pareja sabe lo que hace cuando está al mando.
Creativos, ambiciosos, independientes, luchadores, constantes, muy trabajadores.
Pero líbrate de los leo que se disfrazan de piel de cerdo, que dicen que es uno de los animales más sumisos. Los malos leo son tercos, marrulleros, tramposos y egoistas, de los que sólo se enfrentarán a tí atacando por la espalda y usarán el descrédito y la calumnia como armas. De esos creo que he conocido a muy pocos, o será que ya los he olvidado.

Estoy encantada de tener tantos y tan buenos amigos Leo, de los que te defienden, te protegen, te miman y te echan la bronca sin rodeos cuando hace falta. No me había dado cuenta de que estaba rodeada hasta que hace unos días me lo ha dicho un Cancer. Y por ellos abro esta nueva sección mensual.

¡Felicidades a todos los Leo, sean del sexo que sean, para mi los amigos son como los ángeles!

Agosto

Aunque el calendario dice que mañana, hoy ya es agosto.
Nunca me ha gustado agosto. Nada. Ni siquiera en aquellos años adolescentes de porrones en Viana o peña por San Roque en Villalpando, aquellos años en que casi todo estaba por abrir y aún creía que algunas batallas podrían ganarse.
No me gustan las huidas a ninguna parte, ni las fiestas impuestas, ni los cohetes.
Siempre han sido los amigos y los libros los que han hecho agosto más soportable.
Ahora que para mi agosto es un mes todavía más difícil y más doloroso, saber que estáis por ahí leyéndome, o que venís de vacaciones y pasáis a hacerme una visita a la bodega, o que me mandáis un mensaje o una foto de vez en cuando, o que conseguís que hablemos por teléfono, no deja de ser un bálsamo muy agradable.
Buscad el placer, amigos, el pequeño gran placer de compartir una copa de vino con las personas que quieres tener cerca, él de volver a estar con ellas o él de buscar un momento a solas para recordarlas.

Sin vacaciones

No estoy de vacaciones. Ni yo, ni muchos de vosotros. Unos porque precisamente cuando tenéis trabajo es en verano, otros porque no tenéis trabajo. Algunos porque preferís quedaros en vuestra ciudad o vuestro pueblo y disfrutarlo.
Sin embargo, periódisticamente hablando, parece que Santiago cierra España.
Tampoco están de vacaciones los bomberos. Se juegan la vida salvando un paisaje que es de ocio para algunos, que es el medio de vida de otros y que es necesario para todos, aunque no lo sepan.
A los fuegos, informativamente hablando, tampoco se les da la misma importancia: la cuna cuenta.
Y es que, hasta para que hablen de tí, hace falta que los que tienes cerca te conozcan y te defiendan. Te valoren. Te quieran.
Nuestro paisaje, rural o urbano, es un patrimonio, un bien común, un futuro.
Y no está de vacaciones.

Batallas cotidianas

Suena el despertador rompiendo la paz fresca de la mañana.
Me aferro a la almohada resistiéndome a que la corriente diaria empiece a arrastrarme lejos de este pequeño oasis de mi habitación sin noticias y sin ruidos; pero no hay más remedio. y esa responsabilidad que se despierta antes que yo me arranca de las sábanas y me hace bajar las escaleras hasta la realidad.
Levanto la cabeza, miro adelante y pienso en lo que me puede deparar la semana. Pienso en todas las cosas que quiero hacer, lo que aún me queda por descubrir, y por probar, y en las personas que me sorprenderán de nuevo.
Pienso en las batallas minúsculas, en todas las batallas cotidianas que tengo por delante para librar y en que puede que, por fin, gane alguna de las que tengo pendientes.