Distracciones

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Hace un par de años o tres tenía muy claro lo que ya no quería hacer y me dejaba llevar por el tiempo de reposo necesario para reorganizar prioridades, vocaciones y gustos. Hoy me reafirmo en los noes y los síes, sé perfectamente lo que quiero, pero confieso que me distraigo con facilidad. 
Y es que la vida se volvió rica en opciones. De repente recuperé mis apellidos y podía ver sin ser vista, escuchar, hablar sin medir las palabras, callar cuando no hay ganas de decir nada.
Y distracciones. 
El vuelo de una mosca, una peli, un libro o la llamada de un amigo. Navego por internet de una palabra a un mundo. Descubro restaurantes que están a un paso… o un poco más lejos. Me embobo con paisajes vecinos y recónditos. O me quedo en casa recorriendo los países y los siglos. 
Traduzco. Investigo, Aprendo. Enseño.
Salto provincias. Descubro vinos, los comparto, los bebo.
Y las semanas vuelan. Y las siguientes están llenas de proyectos, de citas, de ilusión y de ganas.
No tengo tiempo para tí.
Pero para vosotros sí.