Historias de playback


Dice Frank que, siguiendo con el tema de las letras de la semana pasada, las canciones nos permiten sacar el corazón por la boca y gritar lo que sentimos sin parecer gilipollas (traducción libre de lo que me ha dicho, todavía no domina bien los tacos).
Sea en la ducha, en el coche o preparando la comida, pero preferiblemente en soledad, cantamos los versos que dicen exactamente lo que sentimos, que nos traen a la memoria que no estabas entonces “cuando tanto te necesité”… y ahora me sobras. Encontramos “el calor del amor en un bar” y, ya ves, con el paso del tiempo “sin tí no soy nada”.
No es necesario que las letras sean buenas, pueden ser malas, horteras, repetitivas…pero, en un momento dado, sacan lo mejor o lo peor de nuestros recuerdos. 
¡Cuántos grupos de los que renegamos en público tarareamos en privado!
Esas voces tan hermosas que nos hacían volar la imaginación y soñar que nos susurraban sus palabras al oído.
Latidos revolucionarios, declaraciones de libertad o de principios, protestas coreadas que, visto lo visto, probablemente sirvieron para poco.
No digo yo que la respuesta sea “sólo música y amor”, pero tampoco “está en el viento” y un recorrido por las letras de nuestra vida dice mucho de “cómo hemos cambiado”… Y también lo ha hecho el mundo en el que estamos.